Los Servidores Públicos

//Los Servidores Públicos

Artículo publicado en El Deber, escrito por William Herrera – Director General de Herrera y Abogados
El Gobierno de Evo Morales estaría a punto de echar a la calle a todos los funcionarios públicos que hubieran votado por el No en el último referéndum que buscaba reformar la Constitución. A tiempo de calificarlos como una suerte de ‘traidores al proceso de cambio’, los voceros gubernamentales consideran que los burócratas deben estar al servicio exclusivo del Gobierno. De hecho existen servidores públicos (que se pagan con los impuestos de los bolivianos) que están al servicio exclusivo del Ejecutivo, como la Policía Nacional por ejemplo, que trabaja o deja de trabajar dependiendo del caso y las instrucciones superiores.
Toda esta distorsión se debe, entre otras cosas, a la falta de institucionalización de la administración pública. Y como basta un botón de muestra, existen autoridades nacionales ‘interinas permanentes’ en las principales empresas estratégicas del Estado, como la Contraloría General del Estado, el Banco Central de Bolivia, YPFB, y el Gobierno no tiene la voluntad política de hacer las designaciones institucionales como establece la Constitución y las leyes.
Todo este pandemónium solo es posible en la medida en que la administración pública continúa siendo un botín político, donde los funcionarios parecen no tener derecho a pensar diferente y ejercer el sagrado derecho a votar por la propuesta de su preferencia. Mientras los empleados dependan del favor político, el jefe se sentirá con todo el derecho no solo de exigirles lealtad y que voten por el candidato oficial sino también contribuir económicamente al partido en función de Gobierno.
El voto y la contribución económica obligada que hacen los servidores públicos al partido, seguirán mientras no cambiemos la forma de reclutar a los servidores públicos. En todas partes del mundo se exige para ingresar a la función pública un currículum, concurso de méritos y exámenes de oposición y por supuesto sólo ingresan los más capaces y meritorios. Sin embargo, en nuestro país por lo general prevalece la recomendación del jefe del partido, el padrinazgo, las relaciones sentimentales y las influencias políticas y por ello se tiene un pésimo servicio, mediocre en todo sentido y en muchas reparticiones reina la corrupción.
La forma de designación de los servidores públicos contrasta con el principio rector de que los funcionarios y empleados públicos son servidores exclusivos de los intereses de la colectividad y no de parcialidad o partido político alguno. Con la finalidad de proteger al funcionario público existe el estatuto (Ley Nº 2027, de 27 de octubre de 1999) que se encarga de regular la relación del Estado con sus servidores públicos, garantizar el desarrollo de la carrera administrativa y asegurar la dignidad, transparencia, eficacia y vocación de servicio a la colectividad en el ejercicio de la función pública, así como la promoción de su eficiente desempeño y productividad.
Los funcionarios públicos, en este sentido, tienen derecho a la carrera administrativa que le garantice estabilidad laboral, una remuneración digna y justa, seguro médico, vacaciones, promoción, ascensos, jubilación, etc. Toda esta normativa busca proteger al servidor público y en ninguna parte exige que tengan que votar por el Gobierno de turno. En este plano la decisión del Gobierno de echar a la calle a los servidores públicos por haber emitido su voto en contra de la modificación de la Constitución resulta abusiva y desproporcionada.
El servidor público no está obligado a votar por el oficialismo, y cualquier medida que se tome contra aquellos que hayan disentido del Gobierno no es más que un abuso de poder. En todo Estado medianamente organizado y que se precie de respetar los valores democráticos y constitucionales, los servidores públicos tienen todo el derecho a la autodeterminación y por tanto son libres y soberanos a la hora de elegir. En el fondo el voto es un acto conciencial y personalísimo y el servidor público merece respeto y consideración
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